Sabía que era mi acucarachado piso el que rodeaba mi moribundo cuerpo, porqué no exisitía en todo el universo un sitio tan oscuro y que oliera tanto a perturbación, era imposible percibir si era de dia o de noche, todo cerrado; Un estúpido intento de aislamiento.
Me parecio una idea realmente gilipollas el cerrar cuanta entrada de luz y aire pudira penetrarr los muros de mi muralla, pues ya me aislaba yo lo suficiente del mundo que me rodeaba y perseguia, sin siquiera darse cuenta...Aprendí hacia años que si de verdad quería separarme de ellos la solución no era para nada física; Daba igual el que yo no saliera, que ellos no entraran, siempre te persiguen, porqué están en la mente, la calle es sólo un disfraz, viven y comen de tu cerebro y de tu vida, hasta controlar tus hábitos... ¿Quiénes? las personas, los actos... el pasado, lo que está bien y lo que estubo mal... Por eso solo podía combatirlos dentro de mi, de la mejor manera que sabia y claramente, la que mas fácil me resultaba..
... lo posterior a la vida de la que huyo sucede en mi mente como un frágil y nublado minuto, de esos que transcurren en vano cuando observas sin prestar atención el suelo de un vagón de tren. Ese minuto me ha costado la vida, y llevo dando vueltas mucho tiempo, sin bajar en mi parada por miedo a lo que me pueda suceder por llegar tarde.
Otra vez mi entrometida conciencia...
era lo único de mi que quedaba en ese descuidado cuerpo, y aunque deseé mandarla a dar por culo otra vez, no lo hice.
Así que en menos de lo que me hubiera podido imaginar nunca, me encontraba en busca del ejercito del olvido.
Me armé para la ocasión, procurando ir vestida de tal manera que pudiera no parecer una adicta del aislamiento, o una yonkie viciosa.
¡Que incómoda era esa armadura!
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