Un molesto rayo de sol decidió burlar mis grandes gafas oscuras, y aunque nada me hubiera sentado mejor en ese momento, no podía mover mi jodida cabeza para evitar ese rayo ultra-violado; mi mirada estaba fija en el horizonte de esa maldita calle eterna.
yo necesitaba, sabia donde él me encontraba, allí como si nada, yo esperaba mi elixir.
Pero esa mañana era distinta, bueno, de hecho lo único distinto era la baja tasa de droga que en esos momentos corría por mis venas...
Esa mañana yo era consciente, consciente de que mi vida se había hundido ya hacia mucho, podía ver la gente evolucionar en sus vidas, y yo ya había perdido la cuenta de los años que llevaba madrugando, no para ir a trabajar, si no para evadirme un poco de la cruel realidad que me había esperado hacia ya mucho.
Intenté recordar cuantos días llevaba inconsciente... ¿Dónde coño había dormido los últimos 5, 3, días?
¿Había dormido realmente? ¿Con quién?... Triste, muy triste.
Pero bueno, sabia que era lo que necesitaba para dejar de sentirme mal, la causa y la solución, llegaban con un elegante sombrero de copa negro encima de sus ensombrecidas cabezas. Con paso firme, grácil a la vez que amenazante y distante por allí se acercaba el que era mi camello.
El contacto visual era lo más íntimo que habíamos tenido nunca. En todos esos años, nunca supe su nombre, ni siquiera nos rozamos. A penas hablábamos. Aún así nuestra relación era fiel: el siempre venia, yo siempre esperaba, los dos nos aportábamos y no podíamos vivir uno sin el otro...
Era mecánico, no hacia falta pensar... así que automáticamente me encontraba buscando la llave de mi piso, que milagrosamente, aún era mio... o eso parecía a simple vista. Una vez dentro se sentían en el aire los suspiros de otras personas que estaban o habían estado allí. No seria raro encontrar un cuerpo agonizando debajo cualquiera de las montañitas de cosas que por allí había. Un escalofrío de culpabilidad recorrió mi espalda. No deseaba mi vida a nadie, en cambio iba corrompiendo mentes aparentemente inocentes, prestándoles la llave a un mundo cruel y decadente para que usaran a su antojo.
Detestaba esa inútil capacidad de reflexión que adquiría cuando mi elixir dejaba de hacerme efecto. Así que, después de comprobar que mi piso estaba vacío, me puse cómoda y, mucho a mi pesar, me administré las frías, penetrantes, dosis de aislamiento que tanto necesitaba.
El desconcierto corría ya dentro de mi. Mi corazón bombeaba, perezoso, cada astilla de hielo que yo me había administrado, provocándome ligeros delirios, o eso creo, que me dejaban terriblemente abatida encima de un húmedo sofá... jadeando a la vida, mi vida corrompida, a la espera de un amanecer; Un sueño, levantarme y tener algo que hacer... Mi realidad, plantarme en esa esquina, fiel a mi adicción, como cada día...
m'he mort llegint....
ResponderEliminarMe has inspirado a hacer un blog con cosas de estas :/
ResponderEliminarMe estoy volviendo sensible...